Relato y significación del Levantamiento del Gueto de VarsoviaAl símbolo que representan Anna Frank y Mordejai Anilevich
Carlos Luppi
El exterminio deliberado, sistemático y cruel de aproximadamente doce millones de personas (judíos, negros, gitanos, comunistas, socialistas, anarquistas, liberales, homosexuales y masones, entre otros grupos), perpetrado en pleno siglo XX en una de las naciones más avanzadas del planeta, pone en tela de juicio los valores de nuestra Civilización, nos enfrenta a muchas preguntas y nos obliga a modificar nuestras conductas. Nos impone evitar de cualquier forma que estos hechos se repitan, cultivar una memoria integral y a buscar formas de Justicia que impidan la impunidad de todos los responsables. El Holocausto o Shoá, el asesinato de unos seis millones de judíos, y dentro de él un episodio singular como el Levantamiento del Gueto de Varsovia ha agregado lecturas, desarrollos y reflexiones que llegan al plano teológico, enriqueciendo la discusión sobre la naturaleza de la condición humana.
El siglo XX será justamente recordado por haber producido dos revoluciones tecnológicas y proporcionado adelantos sin par en todos los campos del conocimiento humano, que superaban largamente el acumulado de los cuatro milenios anteriores de Civilización. La Humanidad avanzó como nunca en sus conocimientos científicos y tecnológicos, y también produjo obras de arte sublimes.
Precisamente a luz de estos avances es que la masacre nazi y en particular el Holocausto –el asesinato de seis millones de judíos, entre ellos un millón y medio de niños, como parte ejecutada del plan de exterminio de un pueblo entero en aras de la “pureza racial” de una de las naciones más avanzadas del planeta- debe ser considerado sin vacilación, no sólo como uno de los hechos de mayor barbarie de la Historia, sino también como un acontecimiento definidor de la naturaleza humana, porque es el grado de abyección y no el de perfección posible el rasero con el que debemos medirnos como especie.
Esto afecta no sólo a quienes fueron los ejecutores propiamente dichos, los nazis y sus colaboradores. Durante la conmovedora dramatización que se realizó en la Kheilá el 8 de abril, se señaló reiteradamente el peor pecado: la indiferencia, conducta que practicaron mucho tiempo las grandes potencias y muchos países “civilizados” como el nuestro, ante la desesperación de los perseguidos.
Por eso los gentiles –los no judíos- tenemos un gran rol a cumplir en el presente y en futuras instancias históricas iluminas por la luz negra y quemante del Holocausto y por nuevas manifestaciones de barbarie que lo niegan: como dijo un gran estadista uruguayo, tenemos que “ayudar a los judíos a que no sean los únicos que tengan que recordar”.
Hacer nuestra esa memoria, sumarla a la propia y cumplir con el deber de impedir que los hechos se repitan (“Nunca más”), y que la memoria perdure para siempre, buscando la Justicia.
Ese objetivo mucho nos toca a quienes vivimos la “historia reciente uruguaya”: una predictadura y una dictadura que tienden a olvidarse o deformarse interesadamente mediante libros engañosos, y por la que sólo han sido juzgados un puñado de militares y dos civiles, cuando fueron ellos –sobre todo los ideólogos civiles neoliberales- los mayores responsables del daño infligido.
Pero el Holocausto y ahora en particular el Levantamiento del Gueto de Varsovia –cuyo relato histórico veremos a continuación- admite desarrollos específicos. Al respecto afirma Mauricio Zieleniec, Director del Mensuario Identidad, en su texto titulado “Hace 70 años nos levantamos en armas contra los nazis”:
“(…) en el Gueto de Varsovia el pueblo judío rompió con las viejas tradiciones, lo que ya con Hertzl y Bórojov (socialista) venía siendo predicado. Por primera vez, Varsovia significa la ausencia de Dios en la tierra (Dios ha muerto, afirma Nietzsche). Murieron el modernismo, las férreas ideas, creencias y formas absolutas para dar lugar a nuevos pensamientos. En Varsovia pusimos definitivamente a Dios en el cielo y a los hombres en la tierra. Por eso, en lugar de plegarias y rezos pasamos a las armas. Muchos no pudieron hacerlo: tenían familias, hijos, padres mayores y el peso de una creencia religiosa interpretada en forma absoluta y conservadora. Pero la acción del líder (Mordejai) Anilevich significó la muerte de la Modernidad y el inicio, para nuestro pueblo, de la concepción de nuestro libre albedrío en la finitud terrenal, de nuestras acciones. Así nació en Varsovia un nuevo relato secular, donde el hebreo construye su futuro desde la propia tragedia, resurgiendo como el Ave Fénix. Comenzamos a construir terrenalmente nuestra dignidad en Varsovia y seguimos después hasta la creación del Estado de Israel, contra las objeciones de los ortodoxos religiosos. Varsovia e Israel fueron y son los cambios histórico-seculares que el pueblo judío produjo. Pasamos de lo religioso a lo secular, y es ahora que los religiosos (ellos) se nos acercan… Y Dios quedó en el cielo, para creyentes y seculares.”
Agrega el citado autor en “En Varsovia murió la modernidad”: “El miedo se enterró bajo las piedras, (…) Auschwitz representa la caída del Hombre bueno de Rousseau. En alguna otra parte dice Eduardo Grüner que Primo Levi ha escrito: “Auschwitz no debe ser comprendido, porque comprenderlo es ya justificarlo”. Y en otro espacio comenta: “Si existe Auschwitz, por lo tanto, no puede existir Dios”. ¿Por qué, entonces, no habríamos de intentar comprender, con la ayuda del mismo Levi, lo que nos sucede? ¿Renunciar a comprender Auschwitz no será retroceder ante el espanto que nos causa la intuición, arriesgada por la Escuela de Frankfurt, de que es nuestro propio pensamiento (la Razón del modernismo) el que ha hecho posible tanto la muerte de Dios como la existencia de Auschwitz? ¿No será que al establecer el imperativo categórico moral de no comprender Auschwitz estamos tratando desesperadamente de preservar la pureza incontaminada de la Razón, en lugar de asumir el riesgo de admitirla como un campo de batalla en el que nada está decidido de antemano? Pero no sé si el fin del modernismo se encontraba en Auschwitz, como lo señalan varios pensadores, o en realidad está en Varsovia. En Varsovia desapareció el concepto de acudir al omnipotente. En Varsovia, los hombres de nuestro pueblo dejaron a Dios en el cielo, y en la tierra construyeron ellos los sucesos; fue la muerte de Dios, o la dualidad entre el cielo y la tierra. En Varsovia tomamos nuestro destino en nuestras manos, para luego seguir construyendo una Nación en Israel. Nada se nos regaló, nada vino del cielo… se cambió todo en Varsovia, pasamos a dictar como humanos nuestro destino, a resignificar e interpretar nuestro futuro, a ser protagonistas de lo nuestro. La dualidad de lo sagrado en el cielo (si existe) y lo humano en la tierra cambió nuestra historia. El milenario y rígido dogma se esfumó tal como Nietzsche lo decía: “Dios ha muerto”, junto a las ideologías de los grandes pensamientos de la Modernidad. Varsovia simboliza el cambio que marca el inicio de la posmodernidad.”
Y concluye: “En la historia del Holocausto, su parte más medular (interpreto que se encuentra poca difundida), la resistencia armada contra el nazismo por el pueblo Hebreo, es la expresión más “activa y cualitativa de nuestra tragedia”. Unos 600 actos surgieron de alzamiento o rebeldía judía, 17 guetos se levantaron en armas, y miles y miles integraron las guerrillas o los ejércitos aliados, una historia poco conocida (1:000.000 de judíos combatieron en estas áreas) y crucial para entender los cambios de la dialéctica. Habíamos dejado atrás varios milenios y pusimos a Dios en el cielo, mientras los partisanos de los bosques, en la tierra, cantaban en idish su himno:
“Nunca digas que esta senda es la final
acero y plomo cubre un cielo celestial
nuestra hora tan ansiada llegará…”.
De esta forma llega a conclusiones significativas en “Reinterpretar el Holocausto y Varsovia”: “El pueblo hebreo comenzó a integrar y compartir desde ideales «socialistas» u otros «sionistas», alejándose de las interpretaciones ortodoxas de nuestra identidad judía.
Es en este cambio histórico, donde los judíos de Varsovia se levantan en armas contra su verdugo. Nuestros resistentes o partisanos pusieron a Dios en el cielo y la resistencia en la tierra, como también afirma Zieleniec. Tres mil años de historia se modificaron y pasamos a luchar y construir nuestro presente y futuro terrenal en base a lo humano.
(…) Varsovia no fue solo un suceso en muchos, en Varsovia murió la ortodoxia, en Varsovia lo humano se afirma en la tierra, y Dios en el cielo…Los progroms, la inquisición y nuestras persecuciones no se resolverán a futuro con rezos, HEMOS TOMADO LA OPRESIÓN SUFRIDA, PARA QUE NUNCA ESTEMOS SUFRIÉNDOLA EN QUIETUD!
A partir de Varsovia construimos Israel, denunciamos el antisemitismo, generamos nuestras fuerzas políticas en comunidad, ya nunca será como antes.
Pero Varsovia nos plantea un nuevo desafío, a nuestra identidad, no podemos seguir construyéndola con las interpretaciones de las viejas concepciones. Nuestros hijos deberán concebir el judaísmo no con la pesadumbre y la tristeza de mi Bobe que decía en Idish «Que difícil es ser judío»; este es el cambio, ser judío debe ser y es alegría, es libertad, es pluralismo, es democracia, es solidaridad, es en definitiva ser feliz.” Sin olvidar el Holocausto, por supuesto.
Los hechos: el inicio
El 1º de setiembre de 1939 los ejércitos de la Alemania nazi, empeñados en la construcción del Tercer Reich “que debía durar mil años”, invadieron Polonia, lo que significó el comienzo formal de la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945), el mayor conflicto bélico de la Historia, que tuvo un costo de entre 50 y 70 millones de víctimas. Dentro de Alemania y en las “zonas anexadas” en 1938 como Austria y los Sudetes, ya regían las leyes racistas nazis, que defendiendo supuestamente la “supremacía aria”, convertían en objeto de desprecio y persecución a vastos grupos de la población: el odio principal estaba centrado en los judíos, y abarcaba a gitanos, negros, comunistas, socialistas, anarquistas, liberales, homosexuales y masones, entre otros grupos. Los mismos fueron paulatinamente expulsados de todas las áreas de la vida social, económica y cultural para convertirse en parias que se concentraban en “guetos”, y que pronto serían víctimas de la llamada “solución final”, que consistía en su exterminio sistemático en campos de concentración.
El Gueto de Varsovia fue la concentración judía más grande de Europa, que duró entre el 16 de octubre de 1940 y el levantamiento general del 16 de mayo de 1943, cuyo aplastamiento marcó el fin. La población original, estimada en 400.000 personas, aislados en un cerco de cuatro kilómetros cuadrados, se redujo a 50.000 a causa de las condiciones de traslado, de hacinamiento, el hambre, las enfermedades y los traslados a los campos. Allí tuvo lugar el Levantamiento del Gueto de Varsovia, uno de los episodios más heroicos y aleccionadores en la historia de la Segunda Guerra Mundial y del siglo XX. Pero la historia misma de la lucha por la supervivencia y el mantenimiento de los valores de la dignidad humana durante esos tres terribles años, constituyen otro monumento de similar dimensión.
La vida en el Gueto
El Gueto de Varsovia, establecido el 16 de octubre de 1940 tras varias dilatorias (aunque había sido una idea concebida desde el primer momento de la ocupación de Polonia), fue anunciado por el Gral. Hans Frank, Gobernador General de Polonia al Consejo Judío (Judenrat) encabezado por Adam Czerniaków, como una forma de concentrar fuerzas laborales e intelectuales. Ello naturalmente contrastaba con la brutalidad de los procedimientos, con las condiciones de vida (hacinamiento y superpoblación en los hogares, hambre, inactividad y malas condiciones de trabajo), sanitarias (que provocaron epidemias de fiebre tifoidea, entre otras enfermedades), y con el racionamiento alimenticio, que asignaba 2.400 calorías diarias a los alemanes, 1.800 a los polacos, y apenas 184 a la población judía. Para aislarlo, se lo cercó con alambres de púa y luego se construyó una muralla de tres metros de alto que lo rodeaba completamente. Unas 400.000 personas, cerca de la tercera parte de los habitantes de Varsovia fueron encerradas en el 2,4% de su superficie.
Sin embargo, a pesar de los diversos horrores, la convivencia se fue articulando sobre la base de las organizaciones ya existentes –el Consejo Judío y los distintos movimientos- y del milenario instinto de supervivencia, y se organizaron las tareas, incluyendo los servicios religiosos, a pesar de estar prohibidos.
El Judenrat con el apoyo de la organización CENTOS, financiada a su vez por el Comité Conjunto Judío – Estadounidense de Distribución, intentaron disminuir el hacinamiento llevando el promedio a siete personas por dormitorio y edificaron cantinas donde se daba sopa y otros alimentos a los desposeídos, las que llegaron a alimentar a dos tercios de los habitantes del gueto. También se organizaron escuelas primarias, que cubrían clandestinamente todos los grados, y se hicieron funcionar hospitales y horfanatos, los que fueron cerrados por los nazis en 1942, mientras que los encargados eran deportados al campo de Treblinka.
En medio de todas las carencias y el terror, se organizó una intensa vida cultural. Historiadores como Emanuel Ringelblum recopiló unos 50.000 documentos que recrearon la historia del Gueto, como publicaciones de la prensa legal (la prensa diaria se editaba en tres lenguas: hebreo, ídish y polaco), la ilegal, trabajos escolares, ensayos sobre cuestiones generales y hasta documentos menores como entradas al teatro. Dichos documentos fueron ocultados por los nazis en tres lugares y dos han sido recuperados, buscándose actualmente el tercero. Se dieron conciertos de música clásica con excelentes músicos que se esforzaron en brindarla, ya que provenían del jazz y de orquestas pequeñas. Funcionaron también actividades teatrales brindadas por prestigiosos artistas judeo –polacos. Continuaron también las actividades religiosas –en ocasiones realizadas en las casas de los rabinos- y, como dato significativo- hubo una iglesia para judíos convertidos a la fe católica.
Ante estos verdaderos milagros, es del caso recordar el verso de Jorge Luis Borges: “Que la luz de una lámpara siempre se encienda/si los hombres no la ven, Dios la verá”.
La lucha final
La tristemente célebre Conferencia de Wannsee, donde los líderes nazis presididos por el líder SS Heinrich Himmler decidieron exterminar a todos los judíos de Europa, resolvió comenzar con la llamada Operación Reinhard, que incluía la masacre de los judíos de Polonia. En 1942 se construyó el campo de exterminio de Treblinka.
El 22 de julio los nazis informaron al Judenrat que todos los judíos, salvo los que trabajaban en las fábricas, en los hospitales, en la policía y el Consejo, serían trasladados al Este. De esta forma, la policía judía condujo unos 6.000 judíos por día a un punto cercano a las vías férreas, pudiendo los nazis fusilar a cientos de rehenes en caso de rebeliones. El líder del Consejo Judío, Czerniaków, se suicidó tras el asesinato de su esposa, escribiendo en su nota que “No puedo soportar más. Mi acción mostrará lo que es necesario hacer”. Los suicidios se extendieron, y el 23 de julio la resistencia clandestina resuelve no sublevarse por pensar que los judíos eran enviados a campos de trabajo.
Entre el 22 de julio y el 21 de setiembre, más de 263.000 personas fueron llevadas a Treblinka y Majdanek. Desde agosto y hasta setiembre los nazis asumieron un papel más directo en los “traslados”, y deportaron a unas 198.000. Finalmente, entre el 6 y el 11 de setiembre se deportaron 35.886 judíos, 2648 fueron ejecutados y 60 se autoeliminaron. Unas 55.000 personas permanecieron en el Gueto, trabajando o escondidos.
“A partir de entonces se agrupó la resistencia. Se habían unido Hashomer Hatzair, Poel Sionista de Izquierda, Dror, P.P.R (Partido Obrero Polaco, comunista) y luego los jóvenes del Bund junto a otros insurgentes judíos. La Organización Judía Combatiente (Z.O.B.) también atentó contra el traidor Firtz, ya que del lado judío también había indecisos y colaboracionistas. Nos decían que se llevaban a nuestros compatriotas a campos de trabajo, y pensábamos que quizá se los llevaban al exterminio, a su muerte, pero tan macabro destino era difícil de creer. Hasta que desde un Gueto vecino llegó el mensaje: “Levantaos en armas, nos llevan a campos de exterminio”. En ocasiones, la vida llega a ser menos importante frente a la ética, la sumisión, el honor y la identidad. En esta oportunidad, la ética superó al valor de la vida.”
Estos grupos (que tenían fusiles, pistolas, explosivos y cócteles molotov), consideraban que debía resistirse la opresión y la muerte.
En enero de 1943, Heinrich Himmler visitó personalmente el Gueto. Nueve días después se reanudaron las deportaciones masivas y ocurrió la primera acción de resistencia armada. Se detiene el proceso de “traslados” y las organizaciones de lucha asumen el control del Gueto, construyendo barricadas y fortificaciones.
“El 19 de abril de 1943, coincidiendo con Pésaj – el día en que los judíos celebran la libertad de la esclavitud en Egipto – comenzó el levantamiento (ese día llegó un contingente de 2.000 soldados alemanes para aplastar la rebelión, N. de R.). Dice Zieleniec (op. cit.): “Varsovia, 1943 – El 19 de Abril comienza el estallido de la insurrección en el barrio judío (Gueto de Varsovia), donde los civiles desamparados y ungidos por el hambre, la suciedad y la segregación dijeron ¡Basta! En la esquina de Genschen y Naleekes comenzaron los enfrentamientos, que siguieron luego en la esquina de Mila y Zamenhof, en la Plaza Muranow. También en las calles Schtschensliwa, Stawka y Lubetzka. El 20 de Abril se luchaba en las cepillarías, en la calle Mila, en Leschno, Nowolipie y Schmochey, y en la Guardia Popular en Noviniarska. Las acciones fueron combinadas con ataques guerrilleros (no judíos) desde afuera del Gueto, en la calle Sapiezhinska.”
El ataque fue exitoso y obligó a los nazis a replegarse, lo que provocó la furia de Himmler que envió un comandante experto en la guerra de guerrillas, y con orden de utilizar todos los medios posibles. Este ordenó quemar los edificios lo que obligó a los resistentes judíos a refugiarse en los búnkeres, con aire viciado y dificultades extremas en disponer de comida, y agua. Muchos murieron por las condiciones y otros se suicidaron.
“En julio, las últimas acciones combatientes fueron realizadas en seis calles del Gueto y en el cementerio. El último grupo de insurgentes judíos salió, con armas en la mano, al lado “ario”, donde cayó combatiendo. Bajo la gigantesca consigna “Por vuestra y nuestra libertad” habían resuelto alzarse contra el ejército Nazi. (…)”
El levantamiento fue finalmente aplastado el 16 de mayo de 1943, fecha en que los nazis dinamitaron la Sinagoga Tlomacki para indicar el fin del Gueto de Varsovia.
Las cifras contenidas en el informe del comandante alemán indican que unos 6.000 judíos murieron combatiendo, 7.000 fueron fusilados y 7.000 fueron enviados a Treblinka, así como 56.000 judíos fueron detenidos durante el enfrentamiento y se destruyeron 631 búnkeres.
“Con más de la mitad de Europa aplastada por la irracionalidad y la maldad de las fuerzas nazis, surge una noticia en los periódicos del mundo dando cuenta de que una isla humana se levanta en armas contra las tropas de ocupación Nazi. En el corazón de la ocupación nace el alzamiento, y aunque asesinaron a sus líderes, como Lewartowski, surgieron otros, como Mordejai Anilevich, y ya éramos imparables. Este mito y ejemplo de dignidad, de libertad, de identidad, tan solo fue el primero en unos 19 guetos que se levantaron de igual forma posteriormente. En la historia del Holocausto, su parte más medular (interpreto que se encuentra poca difundida), la resistencia armada contra el nazismo por el pueblo Hebreo, es la expresión más “activa y cualitativa de nuestra tragedia”. Unos 600 actos surgieron de alzamiento o rebeldía judía, y miles y miles integraron las guerrillas o los ejércitos aliados, una historia poco conocida y crucial para entender los cambios de la dialéctica.”
Habíamos dejado atrás varios milenios y pusimos a Dios en el cielo, mientras los partisanos de los bosques, en la tierra, cantaban en idish su himno:
“Nunca digas que esta senda es la final
acero y plomo cubre un cielo celestial
nuestra hora tan ansiada llegará…”.
En el año 1947 la Organización de las Naciones Unidas aprobó el Plan de Partición del territorio para la construcción de dos estados para dos pueblos, un Estado Judío y uno Árabe, resolución que fue aceptada por la comunidad judía pero rechazada por los países árabes de la zona. EL 14 de mayo de 1948, un día antes del fin del Mandato Británico, David Ben-Gurión, líder de la Organización Sionista Mundial declaró la Independencia del Estado de Israel en la ciudad de Tel Aviv:
Yad Vashem, la Autoridad para el Recuerdo de los Mártires y Héroes del Holocausto fue establecida en el año 1953 por una ley del Parlamento Israelí. “Recordar y no olvidar suele ser el mensaje que se transmite en estos días, para que esta tragedia no se repita jamás, con ningún pueblo, en todo el mundo.”
Reinterpretar el Holocausto y Varsovia
Dice Zieleniec: “El dolor de nuestra trágica historia del Holocausto, es inconmensurable. (…) ¿Quién no tiene familiares desaparecidos por el nazismo? ¿Quién no se conmueve, frente a semejante barbarie?
Del Holocausto nacieron diversos Derechos Humanos. El Juicio de Nuremberg marcó el juzgar y la jurisprudencia de los crímenes de lesa humanidad, como categoría y jurisprudencia casi universal a partir de los juicios.
Pero a pesar del dolor y negligencias de personajes presidenciales que intentan negar nuestro holocausto actualmente, debemos pensar si no deberíamos reinterpretar los sucesos, que no llegan todavía, a ser Historia.
Varsovia no fue solo un suceso en muchos, en Varsovia murió la ortodoxia, en Varsovia lo humano se afirma en la tierra, y Dios en el cielo…Los progroms, la inquisición y nuestras persecuciones no se resolverán a futuro con rezos, HEMOS TOMADO LA OPRESIÓN SUFRIDA, PARA QUE NUNCA ESTEMOS SUFRIÉNDOLA EN QUIETUD!
A partir de Varsovia construimos Israel, denunciamos el antisemitismo, generamos nuestras fuerzas políticas en comunidad, ya nunca será como antes.”
El Holocausto y la condición humana
06/May/2013
Caras y Caretas, Carlos Luppi